7.5.13

ÓPERA Boletín informativo de la Asociación Albacetense de Amigos de la Ópera 66ABR13


ÓPERA Boletín informativo de la Asociación
Albacetense de Amigos de la Ópera
66ABR13
El ilustre wagneriano del siglo XXI
JONAS KAUFMANN
XX ANIVERSARIO
2
EDITORIAL
Alguien podría pensar, sin temor a equivocarse, que
no está el “patio” para celebraciones, pero nosotros
no queremos dejarnos contagiar por esa corriente de
desánimo que todo lo intenta invadir y reivindicamos que
estamos en el 2013, un año trascendental para la AAAO, ya
que representa una fecha significativa, cumplimos 20 años
como Asociación y eso se merece que todos nos volquemos
para manifestar nuestra satisfacción y nuestro orgullo por
pertenecer a una Asociación que dedica su esfuerzo y compromiso
a engrandecer el arte en una disciplina tan compleja
y atractiva como la Lírica que a los afortunados que tenemos
la ocasión de disfrutar de ella nos hace ser, sin lugar a dudas,
un poco más felices.
Estoy convencida de que a todos, en algún momento de
nuestra vida, la Asociación nos ha proporcionado momentos
inolvidables: una voz única, un Teatro grandioso, el conocimiento
de un autor o de una obra que nos ha dejado impresionados.
Son sentimientos que van más allá del devenir
rutinario que cada día nos absorbe y nos convierte en uno
más dentro de una multitud. La música nos hace volar, nos
emociona, nos anima a seguir en la tarea cotidiana con un
plus de trascendencia.
Ha sido un largo recorrido con diversas etapas, y en todas
ellas se ha tenido en cuenta el interés general y el compromiso
de ir creciendo cada día un poco más en conocimientos y
capacidades que nos permitan apreciar la belleza de la música
y el milagro de la voz humana.
Hemos vivido Recitales inolvidables con voces de diversas
tesituras, y guardamos un especial recuerdo de los cantantes
de nuestra tierra: nuestra siempre recordada Carmen
Villada, Elisa Belmonte, Gabriel Blanco, Fuensanta Morcillo,
Ana Luisa Espinosa y José Ferrero.
En el terreno formativo se han organizado Ciclos de
Iniciación a la Ópera y otros dedicados a los más grandes
compositores: Mozart, Verdi, Puccini, Wagner, y un largo etc.
En ellos hemos aprendido a desgranar su obra y a disfrutar
mucho más de su genio creativo y sus excepcionalidades.
Y, no podemos olvidar nuestras salidas a Teatros de Ópera:
El Teatro Real de Madrid, Liceu de Barcelona, La Maestranza
de Sevilla, La Zarzuela, Teatro de Córdoba, incluso algunos
fuera de nuestras fronteras, Pésaro, La Scala, La Fenice,
Metropolitan…. Los que hemos tenido la oportunidad de visitarlos
nos hemos empapado de siglos de tradición operística
que irremediablemente te dejan una huella imborrable.
Los Amigos de la Ópera no somos unos aficionados a
la Lírica que asisten a un espectáculo sin más. Llevamos en
nuestro interior una llama que nos impulsa a seguir disfrutando
de la voz, al mismo tiempo que buscamos transmitir ese
calor a todos aquellos que nos rodean. Sólo de este modo se
puede entender nuestra pasión por la Ópera.
XX ANIVERSARIO DE LA AAAO
Si te gusta la Ópera… TE INTERESA ser socio de AAAO
DIVA ópera nº 66. Enero-Junio 2013. Dirección, diseño y maquetación: Javier Hidalgo.
Está editado por la AAAO (Feria nº 14. 02005. Albacete / aoperaab@gmail.com / Apdo. Correos 527 Albacete 02080). CIF: G02176873
Inscripción Registro Asociaciones de la Junta Comunidades CLM - 10 Marzo 1993 - Número: 7.412
3
AAAO
UN recital y un curso sobre
verdi abren las actividades
deL AÑO 20º DE LA aaao
Un regalo musical para los oidos.
El pasado 20 de marzo la AAAO (Asociación Albaceteña
de Amigos de la Ópera) organizó un
recital lírico de la soprano Laia Falcón, acompñada
al piano por Celsa Tamayo, con obras de
Mahler, Strauss, Ravel, Falla y Poulenc. El motivo:
se cumplian 20 años de su creación en la
que participé como fundador y a la que he estado
vinculado activamente desde su creación.
Comenzó el recital con una ramillete de
canciones de compositores afines por época y
procedencia geográfica: Mahler, Strauss y Alban
Berg. La prosodia del alemán, con magnífica
dicción por parte de Laia Falcón, hizo que el público
disfrutara de manera entusiasta. La verdad
es que teníamos dudas de que un programa que
no incluyera ninguna obra precedente de alguna
ópera, pudiera no ser del agrado de los aficionados, pero
éstos entendieron que la canción de concierto, servida
por unos intérpretes tan capaces como esta soprano y
su acompañante al piano, se puede disfrutar tanto o más
que una representación de ópera.
La segunda parte, algo más variada, por la distinta
procedencia de los autores y los lenguajes estéticos dispuestos,
resultó de todo punto interesante. Todo ello teniendo
en cuenta que se tenía como referencia la época
de Mahler. Éste, Ravel, Falla, Lehar y Poulenc proporcionaron
la música de esta segunda parte igualmente atractiva
como la primera.
El recital fue una demostración de arte canoro, musicalidad
y técnica por igual, fueron el vehículo de Laia
Falcón para interpretar un programa repleto de obras
esenciales del repertorio liderístico. Entusiasmaron de las
intérpretes su entrega, su delicada compenetración, su
acierto en dotar de un marco expresivo con el que transmitir
unas obras ciertamente conmovedoras. Técnica e
interpretación de altura al servicio de una empresa tan
importante.
Quizás por ello el público —más numeroso que en
otras ocasiones— se esforzó en pedir una prolongación
del recital en forma de bis, a lo que accedieron las artistas
de forma generosa con el vals de Musseta de La boheme,
pieza que coronó una magnifica velada, un regalo que
nos hicimos a nosotros mismos por la perseverancia de
estos 20 años de vida de AAAO.
Verdi-Wagner: esencia operística (Parte I)
Giuseppe Verdi y Richard Wagner vivieron durante el siglo
XIX, pero su concepción del arte, es decir, su estética,
su visión política y hasta su estilo de vida fueron diferentes.
Sin embargo, ellos constituyen los dos más grandes
músicos de ópera del siglo XIX y coinciden en trayectorias
fecundas y creaciones artísticas muy importantes a edades
mayores, en la plenitud de sus medios de expresión y
dominio de su ciencia musical.
Para analizar ambas trayectorias la AAAO ha organizado
un ciclo dividido en dos partes, cada una de ellas
con un conjunto de conferencias y visionados de interés
de algunas de sus obras de ambos autores. El fin es mejorar
la formación de los aficionados a la ópera de la ciudad
y atraer a público potencial a un género musical tan
importante.
La primera parte del ciclo se inicia con una conferencia
de Joaquín Arnau Amo sobre “Verdi y Shakespeare:
dos artistas geniales”, que analizará las obras de aquel
basadas en las de éste. Será el 22 de abril. El 25 de abril se
visionará la ópera Macbeth. el 29 de mismo mes, Fernando
Fraga expondrá las “Características de las voces verdianas”.
El 2 de mayo de visionará la ópera Falstaff y el 8
del mismo mes, Laia Falcón, que como saben es también
una excelente conferenciante, hablará de las dos personalidades
operísticas más importantes de la historia: “Verdi
y Wagner, la fuerza de convicción en la madurez artística
de dos músicos con estéticas diferentes”. JH
4
J avier Hidalgo: Ofreces un recital en nuestra ciudad
con obras liederísticas de diversas localizaciones en
torno a la época en que vivió Mahler, ¿qué te ha motivado
a elegir este programa?
Laia Falcón: Quizás una de las facetas que más encanto
aporta al género del recital es que permite jugar con
muchos matices y contrastes. La elección de las obras, su
evolución, su juego de idiomas y estilos, el diálogo interno
que unas canciones parecen mantener con otras… es
una alegría y un privilegio poder confeccionar cada uno
de estos programas. Centrar el recital en torno a Mahler
fue iniciativa de la propia AAAO, ¡idea que
me parece muy acertada y que aplaudí
desde que me comunicaron su propuesta!
La figura de Mahler es clave para entender
la música del siglo XX y la propia
evolución del canto lírico de nuestros días.
Pero sobre todo permite reflexionar en torno
a una época clave de nuestras raíces y
nuestra identidad, una época de cambio y
desconcierto, de crisis y esperanza donde
ya se ponían sobre la mesa gran parte de
nuestros sueños y nuestros conflictos de hoy día.
J.H. ¿Qué peso tiene en tu repertorio el género liederístico?
L.F. Procuro atenderlo mucho. La canción de recital
concentra todas las herramientas del canto, como en una
especie de laboratorio: el arte de la melodía, el amor por
las palabras, el diálogo permanente con la música instrumental…
y, sobre todo, la importancia del público como
mitad esencial de cada obra. El Lied, entendido como género
de cámara, permite una relación mucho más directa
y sincera con el público. Eso es una auténtica fiesta.
J.H ¿Cuándo y cómo te decidiste a dedicarte a la música
como intérprete vocal?
L.F. Como para tantos de nosotros, de niña cantar fue
siempre uno de mis juegos preferidos. ¡De ahí viene, de
ahí viene…!
J.H. ¿Del ancho campo de especialidades musicales
en las que interviene la voz, en cuál de ellas te encuentras
más a gusto?
L.F. Hmm, ¡qué difícil! La ópera es maravillosa, por supuesto,
implica teatro en su dimensión más extensa y grupal
y eso puede ser inmenso. El concierto
sinfónico permite fundirse con la orquesta,
¡puedes sumarte a su fuerza! Pero los géneros
camerísticos, como el recital, también
guardan tesoros importantes: permiten
acercase más a la gente, llegar casi hasta
su calle… y mantener un auténtico diálogo
sobre las grandes cuestiones que nos
preocupan desde siempre. Necesitamos
arte en nuestro día a día… ¡y además nos
pertenece!: todo este repertorio operístico,
de oratorio, de canción… todo esto es nuestro, habla de
nosotros, de nuestros problemas y de nuestras alegrías…
es nuestro lujo verdadero y debemos poder disfrutar de él.
Por eso valoro tanto el enorme esfuerzo que realizan entidades
como la AAAO, convencidas de lo importante que es
traer a sus ciudades todo tipo de arte lírico y ofrecerlo para
que, en días de tanto esfuerzo y dificultad, la gente pueda
disfrutar de un patrimonio que le pertenece y que no debe
estar reservado sólo para unos pocos.
J.H. ¿Y en el mundo de la ópera?
L.F. La ópera es fascinante… me conmueven mucho la
ENTREVISTA
LAIA FALCÓN:
« LA ÓPERA ES
FASCINANTE…»
Siempre he
entendido el
canto como un
arte vinculado al
resto de lenguajes
escénicos
El pasado 20 de marzo Laia Falcón cantó por primera vez en Albacete con motivo
de nuestra celebración del XX aniversario de la creación de la AAAO. Por este motivo
mantuvimos una interesante conversación con la cantante
5
mayoría de los personajes mozartianos, pero también el
despliegue vocal de Händel, la delicadeza de Massenet o
Puccini, la fuerza verdiana, la sensibilidad de Britten, el
mundo irrepetible de Kurt Weill…
J.H. Por tu biografía sabemos que tu vocación musical
va más allá de la interpretación, concretamente a la
enseñanza, donde has conseguido un importante nivel
académico. Ilústranos cuál es tu actividad actual en este
campo.
L.F Siempre he entendido el canto como un arte vinculado
al resto de lenguajes escénicos. La ópera, como
lenguaje de reunión de todas las expresiones artísticas, tiene
un hijo especial que es el cine. Siempre estudié ambos
mundos como capítulos concatenados de un mismo objetivo
expresivo y así oriento mi trabajo. Los intérpretes investigamos,
buscamos y coordinamos muchos aspectos que
luego aparecen ensamblados en el escenario. Mi pasión es
la construcción de personajes y su relación con los públicos,
y el papel que la música, la palabra y el gesto ocupan
en esto. Investigando en estas cuestiones me doctoré en
las universidades de Sorbona, en París, y Complutense de
Madrid. Desde hace años soy profesora en la Complutense,
en las asignaturas de Dirección de Cine y Dirección de Arte.
Contar historias es un oficio fascinante y necesario.
J.H. ¿Te interesa también la música contemporánea?
¿Qué te parece la escritura operística actual?
L.F. Me interesa muchísimo porque dice mucho de lo
que nos ocupa, de quiénes somos y cómo nos vemos. He
tenido el privilegio de que algunos de nuestros grandes
compositores actuales me hayan confiado la responsabilidad
de interpretar o estrenar obras suyas. En estos
últimos años he podido colaborar con David del Puerto,
Fabián Panisello, José Manuel López López, Pilar Jurado…
tener la oportunidad de hablar y tomar decisiones con
sus propios autores es un privilegio y un honor.
J.H. ¿Qué proyectos artísticos tienes para el futuro
más próximo?
L.F ¡Vienen alegrías! Música española, principios del
XX, cantar en la Bienale de Venecia, estrenos emocionantes
en otras ciudades que me apasionan como San
Petersburgo… y algún que otro “secreto”, que aún no os
puedo desvelar pero que espero poder celebrar con vosotros
muy, muy pronto.
J.H. ¿Cómo valoras el trabajo de nuestra pequeña
asociación en favor de la lírica?
L.F. ¡La aplaudo en pie, como en las grandes ovaciones!
Hacéis un esfuerzo titánico, lleno de sensibilidad y
energía porque creéis en que el arte es de la gente. Sois
un ejemplo. Cumplir veinte años no es estar amaneciendo…
¡no es poco, no!
J.H. ¿Cómo te has sentido entre los aficionados a la
lírica de Albacete?
L.F. Cantar es siempre un trabajo muy serio y concentrado,
pero con vosotros se vuelve también una auténtica
fiesta. He encontrado un público cariñoso y entendido,
desde los estudiantes hasta los grandes expertos… mira,
te lo digo claro: ¡bravi!
ESTUDIO
6
CANTANTES DE HOY
7
CANTANTES DE HOY
Venimos siguiendo desde hace años a este joven
cantante —tiene tan sólo 43 años— y estamos observando
la que es una carrera meteórica en ascenso,
provocada por la necesidad de disfrutar de voces
verdaderamente relevantes por el público aficionado que
asiste a los teatros de ópera.
A la importante participación que le hemos visto —el
último fue el Pasifal del Metropolitan de Nueva York—,
que en nuestra ciudad pudimos ver gracias a la retransmisiones
en directo de Cines Yelmo, se suma la publicación
de este importante disco que hace un retrato de los personajes
más afines al cantante y que le solicitan de todos
los teatros de ópera del mundo.
En estas notas tratamos de dar a conocer sucintanente
su biografía y nos acercaremos a su último disco que
no nos ha dejado indiferentes.
Jonas Kaufmann asistió a la Musikhochschule de su
ciudad natal, donde tomó clases magistrales con Hans
Hotter y James King —nada menos—, ambos magistrales
interpretes wagnerianos.
Debutó en 1992 en pequeños roles en la Bayerische
Staatsoper y en el Theater am Gärtnerplatz de Múnich.
Fue miembro del Saarbrückener Staatstheater (1994-
1996) y debutó luego en Stuttgart, La Scala (Jaquino en
Fidelio) y en Cosi fan tutte.
Desde el año 2001 pertenece al ensemble de la Ópera
de Zúrich, desde donde proyectó su carrera internacional,
sucediéndose estrenos en Toulouse, Ginebra, Hamburgo,
Stuttgart, Ratisbona, Covent Garden, Chicago, París, Metropolitan
Opera Nueva York, Wiener Staatsoper, Festival
de Edimburgo, Lucerna, Staatsoper Unter den Linden,
Dresden y otras plazas líricas.
Sus principales roles son Alfredo, Max, Florestán,
Don José, Mario Cavaradossi, Tamino,
Tito, Don Ottavio, Idomeneo, Fierrabras,
Fausto, Ruggero, Fenton, Don Carlo, Rodolfo,
Pinkerton, Des Grieux, el Duque
de Mantua, Romeo, Parsifal y Siegmund.
Recientemente ha conquistado críticas
favorables con su interpretación de Werther
de Massenet en Paris.
Es un distinguido recitalista de canciones
de Schubert, Schumann, Mahler y
Richard Strauss, que ha llevado al disco
y cuyas ediciones dosifica adecuadamente creando expectación
cuando alguna de ellas sale a la luz.
Vive en Zúrich con la mezzosoprano alemana Margarete
Joswig, y sus tres hijos.
En su último disco el tenor muniqués celebra el bicentenario
de Wagner con un esplendido recital al que
suma la ventaja de tener un wagneriano de raza, Donald
Runnicles, al frente de la orquesta de la Deutsche Oper
berlinesa, una asociación que es ideal complemento con
el cantante.
La voz se halla en absoluta plenitud; robusta, densa,
viril, oscura (mas allá de los reparos de algunos críticos
hacia su técnica de emisión o el engolamiento que otros
le reprochan) con la resonancia baritonal que lo acerca
al sonido del tenor heroico hoy prácticamente extinguido,
aunque en instancias abuse de la impostación baja.
Artista inteligente e intérprete moderno, Kaufmann es
un mago de las dinámicas y crescendos, que añade una
entrega probada por interpretaciones intensas de infrecuente
soltura y musicalidad, sin contar con la impecable
dicción en su idioma natal.
Siegmund y Lohengrin, sus dos personajes wagnerianos
de mayor relevancia, están representados con Ein Schwert
verhiess mir der Vater y su ya clásico In fernem Land cuyos
pianissimi han despertado admiración, y no poca controversia.
Después de una exquisita plegaria de Rienzi aborda
dos arduos papeles que ojalá no intente en escena —al
menos por ahora— Tannhäuser y su narración de Roma y
Siegfried y los murmullos de la foresta. En ambos emerge
victorioso, un Tannhäuser de impresionante espectro dramático
en todo sentido y un Siegfried como hoy no se escucha,
detallado, juvenil, fresco y con una enunciación tan
inmaculada como la orquesta que lo enmarca.
Curiosa la inclusión de los Wesendonck
Lieder, en la orquestación de Félix
Mottl y raramente escuchado por voces
masculinas.
Gran comienzo del año Wagner con
un Kaufmann que indudablemente traerá
nuevos adeptos a su música en una grabación
óptima bajo una batuta y orquesta
que saben lo que hacen. Sencillamente
irresistible. de otros intentos,
Javier Hidalgo
Kaufmann
8
ESTUDIO
En el devenir de los últimos treinta años, con la fe del
converso, he predicado el evangelio wagneriano.
En concreto, he mantenido y mantendré mientras
viva que El anillo del Nibelungo es la más grande, genial
e irrepetible obra de la historia en el género literario–musical,
a la altura de cimas de la literatura como El Quijote
de Cervantes, La Metamorfosis de Ovidio o El Kalevala de
Lönnrot. Así lo he expuesto, tanto en las intervenciones
públicas en que me he acercado al tema como en mi círculo
vital.
En muchas ocasiones estas disertaciones, en la fase
del coloquio, han finalizado con una quejosa reflexión
por parte de alguno de los asistentes: “a pesar de haberlo
intentado no he podido entrar en la tetralogía” y la
consiguiente pregunta ¿cómo debemos escucharla para
hacernos con ella?
La respuesta ha variado con el paso del tiempo. Es
evidente que los medios técnicos audiovisuales de los que
disfrutamos hoy en día no son los de hace veinte años. En
estas breves líneas procuraré dar una contestación actual
al tema.
Es una obviedad, pero necesario recordarla: la tetralogía
no es una ópera al uso de la ópera romántica de
los siglos XVIII y XIX: obertura, arias, recitativos, escenas
corales o concertantes conclusivas, etc. No. El Anillo del
Nibelungo, además de carecer de aquellos elementos
estructurales, tiene al menos dos características que la
hacen completamente diferente (y en cierta medida dificultan
su digestión). En primer lugar, Wagner construye
el drama sobre un fluido musical en el que los temas
–leitmotivs– van apareciendo y repitiéndose para significar
personajes (Erda, Brunilda, Sigfrido), resaltar objetos
(la lanza, el anillo, la espada) o ideas (el amor, el odio, el
poder). Estos temas la mayoría de las veces se repiten,
modificados, para destacar determinadas circunstancias
del drama en relación con ese personaje, objeto o idea.
Ese continuum musical es el que hace que los temas aparezcan
a veces muy espaciados en el tiempo, frecuentemente
desfigurados, de manera casi imperceptible para
el oído poco avezado. Eso sí, cuando se oyen, permite
una perfecta compresión del argumento y, por tanto, una
audición plena y cautivadora. En segundo lugar, el canto
es siempre lineal. La ausencia de polifonía es casi total:
no hay concertantes. Solo se escucha una voz. Ello hace
que a veces, sobre todo si no se identifica la melodía subyacente
a la que antes hacía referencia, la audición pueda
resultar tediosa, monótona y, a veces, pesada.
Intento hacer aquí una modesta aportación al tema,
con un aviso previo: el proceso no es corto. Estoy advirtiendo
contra una enfermedad peligrosa: la tetralogitis.
La completa y cabal comprensión de esta obra debe suponer,
para el melómano medio, como mínimo entre seis
meses y un año. El empedernido puede reducirlo a cuatro
pero no es aconsejable.
Vamos a ello: Entia non sunt multiplicanda praeter necesitatem.
El método
El prólogo: El oro del Rin. Pasa por realizar una escucha
detenida de una selección de aproximadamente dos horas
de los principales momento de cada una de las óperas.
Ello nos permitirá familiarizarnos con los principales
temas de la obra: el oro del Rin, el anillo, el fresno, la espada,
las Valquirias, Erda, los murmullos del bosque, los
gigantes, las manzanas de la eterna juventud, el amor
de Sigfrido, el cortejo fúnebre, etc. Este paso es importante
porque de estos temas derivan gran cantidad de
subtemas relacionados con aquellos cuya identificación
es imprescindible. Selecciones de estas las hay a cientos:
elegid la que os plazca.
Primera Jornada: La Valkiria. Recomiendo encarecidamente
leer con atención el libro–comic El anillo del
Nibelungo del ilustrador americano Philip Craig Russell
(Editorial Planeta de Agostini). En él, de manera muy ágil
y amena y con unas ilustraciones enormemente expresivas
que resaltan plenamente el mensaje subliminal de la
obra, se nos relata todo el argumento de la obra. Además,
y esto es importante, utilizando en todo momento el len-
BREVE APUNTE
PARA INICIARSE EN
LA TETRALOGÍA
9
ESTUDIO
guaje wagneriano de manera que familiarizados con él,
luego es más fácil la comprensión de la ópera. Una vez
efectuada esta divertida lectura conviene realizar, con el
comic delante a ser posible, una audición en formato DVD
con subtítulos en español (lógicamente si no se entiende
el alemán). Se puede sustituir por una audición en CD con
libreto es español, aunque resulta más fácil la primera opción.
Al final de esta jornada habremos entendido la trama
de la obra, pero el camino para percibir toda la esencia
musical del mismo no ha hecho más que comenzar.
Segunda jornada: Sigfrido. Para llegar a entender
todo el entramado musical de El Anillo del Nibelungo es
imprescindible la audición de un doble CD editado por
DECCA –en colaboración con el Teatro Real de Madrid–
en el que, montada sobre la interpretación del anillo de
Sir Georg Solti al frente de la Filarmónica de Viena, se
desarrolla –en castellano– la explicación efectuada por el
musicólogo inglés Deryck Cooke (1919–1978) del sistema
wagneriano de leitmotivs. En él, dividido en 40 apartados
y un total de 193 ejemplos, se destripa la tetralogía
tema por tema, melodía por melodía, motivo por motivo
y se coloca en su contexto. Una vez escuchado este doble
CD las sucesivas audiciones de la obra completa serán un
festín: empezaremos a captar melodías y motivos, donde
antes solo oíamos a un señor o a una señora dar notas
imposibles. Percibiremos todos los aspectos del drama,
las diferentes situaciones por las que atraviesan los personajes,
sus conflictos internos y externos, el contraste
entre unos pasajes y otros, etc.
Tercera jornada: El ocaso de los dioses. Si queremos
profundizar en toda la carga emocional, la simbología
que lleva dentro la tetralogía, nada mejor que leer “El
manual del perfecto wagneriano” del escritor irlandés
George Bernard Shaw (1856–1950). De manera amena y
clarividente, ópera por ópera, acto por acto se nos cuenta
el argumento no de manera lineal sino explicando, con
lenguaje llano, las claves, el significado profundo, el alma
de esta inmensa obra.
Epílogo: Der gerettete Alberich. Hemos llegado al final,
pero al igual que cuando en la escuela nos enseñaban
a dividir y teníamos que hacer la prueba del nueve para
ver si la cuenta estaba bien o mal, aquí también hay que
hacer una prueba. Consiste en la escucha y disfrute de la
obra Der gerettete Alberich, para percusión solista y orquesta
cuyo autor es el compositor americano Christophe
Rouse (Baltimore, 1949). Esta composición (podríamos
traducir el título como “Alberich rescatado”) parte –se
me ocurre a mí– de una idea: si nos preguntaran cuál es el
personaje más importante de la tetralogía seguramente
contestaríamos que Wotan Sigfrido, Brunilde, Sigmund…
Pues no: el personaje más importante (al menos decisivo)
es Alberich, ya que si él no hubiera robado el oro a las
hijas del Rin –y renunciado al amor carnal–, nada de lo
que sigue a continuación (quince maravillosas horas de
música y palabra) hubiera ocurrido. Se trata de una obra
de aproximadamente veintiséis minutos estructurada en
los tres movimientos clásicos y en la que reconocen bastantes
temas del anillo con un tratamiento rítmico y tímbrico
absolutamente genial. La recreación de la marcha
fúnebre de Sigfrido en el segundo movimiento, andante,
es sencillamente antológica. Existe una grabación de esta
obra para el sello Ondine a cargo de la dedicataria de
la obra, Evelyn Glennie en la percusión con la Orquesta
Filarmónica de Helsinki y Leif Segerstam como director.
Muy recomendable.
Las versiones
Terreno resbaladizo donde los
haya. A la hora de recomendar una
concreta versión de El Anillo del Nibelungo
hay que barajar como mínimo,
los siguientes aspectos:
1. Las voces. En relación con las
voces se plantean, a su vez, al menos
dos cuestiones: la primera, constatar
que es verdad la afirmación de
la crítica especializada cuando dice
que las grandes voces para la obra
de Wagner en la actualidad (salvo
honrosas excepciones) no existen.
Estas voces wagnerianas, es decir,
aquellas que eran capaces de cantar
y expresar fielmente lo que el com-
10
ÓESPTEURDAI OEN ESPAÑA
positor escribió, proliferaron entre los años 50 y 70 del siglo
pasado, coincidiendo con el auge de Bayreuth bajo la
férrea dirección del nieto del compositor Wieland Wagner
(1917–1966). Lo cual obedecía, naturalmente, a que eran
cantantes dedicados fundamentalmente a cantar las óperas
de Wagner, con un coro, una orquesta y un conjunto
de profesionales y artistas igualmente consagrados en exclusiva
a ello. La segunda cuestión, que la tetralogía tiene
un total de treinta y cinco personajes, lo que supone otros
tantos solistas para roles de gran exigencia vocal. Pretender
que todo el elenco en las cuatro óperas esté al mismo
nivel artístico cuando éste es tan difícil de alcanzar, es una
quimera. Lo normal es que unos sean mejores que otros
o, incluso, entre una y otra ópera, el mismo cantante tenga
prestaciones de diferente nivel interpretando el mismo
personaje. Desde este punto de vista, de lo que se trata es
de elegir la versión de más calidad y más equilibrada en la
que ningún solista esté por debajo del nivel de los demás.
2. El sonido de la grabación. Es obvio que hoy día los
medios técnicos de grabación no tienen nada que ver con
los habituales en los años 30, 40 y 50 del siglo XX que
es de cuando datan las primeras grabaciones conocidas
de la obra. Máxime si, como es el caso de las grabaciones
en vivo en Bayreuth de los años 50, no se trata normalmente
de grabaciones oficiales sino de grabaciones pirata,
no oficiales, es decir, procedentes de tomas realizadas
por aficionados que asistieron a dichas sesiones. Es claro
que, por mucho que los técnicos se hayan esforzado en
mejorar el sonido de estas grabaciones –en esto se ha
avanzado mucho– y limpiarlas de ruidos, el que nos llega
en ellas, en relación con aquél al que nuestro oído está
acostumbrado, es bastante deficiente.
3. El montaje escénico. La acción de El Anillo del Nibelungo
se desarrolla en tres niveles, el subsuelo, morada de
los enanos nibelungos, el Nibelheim; la tierra, donde habitan
los hombres y los gigantes, es el Riesenheim y, por
último, las alturas, las cumbres donde la tierra y el cielo
se funden, allí está la residencia de los dioses, el Valhalla.
Además, en la idea de Wagner Fricka aparece en escena
en un carro tirado por dos renos, el fuego que envolvía
a la Valkiria tenía que ser real y el Valhalla ser destruido
por una crecida del Rin que lo asola. ¿Cómo se escenifica
todo esto? Resulta obvio que por muchos medios que
posea el teatro, nunca se podría conseguir una representación
con estos elementos (sólo podría el cine con los
efectos especiales que hoy día existen). Es decir, ¿dónde
localizar El Anillo del Nibelungo?, ¿en qué época ubicarlo?
¿cómo vestir a sus personajes? ¿cómo será el Valhalla,
qué aspecto tendrá la casa de Hundig?. ¿Lo ubicamos
en Manhattan o en la NASA en el siglo XXI y veremos a
un Wotan con corbata y lanza?. ¿o en la prehistoria y los
personajes saldrán semidesnudos, con un taparrabo?, ¿o
en la edad media con caballos de verdad, máquinas de
guerra y coraza?, etc.
Pues bien, en función de estas –y seguramente alguna
más– variables armonizadas con el personal y exclusivo
gusto de cada uno, deberemos escoger la versión de El
Anillo del Nibelungo.
En formato CD, tres serían las opciones: Hans
Knappertsbusch es –con Wilhelm Furtwängler– el director
wagneriano por excelencia. Dirigió El Anillo del Nibelungo
en Bayreuth en los años 1956, 1957 y 1968, prácticamente
con el mismo elenco solista los tres años, dando lugar a
lo que gran parte de la crítica considera las más grandes
interpretaciones de esta obra, sobre todo la de 1956. De
ellas existen grabaciones en vivo –piratas– vertidas al CD
que están o han estado en el mercado, además a precios
muy asequibles. Por ejemplo, la de 1956, editada no hace
mucho por el sello Orfeo. Sin duda alguna una gran versión,
con el único inconveniente del sonido a que antes se
ha hecho referencia. No es el momento de glosarla completa
–otros lo han hecho y en internet se pueden encontrar
sesudas reflexiones sobre ella– pero sí resaltar que las
interpretaciones de Hans Hotter, como Wotan, padre de
los dioses, Gustav Neidlinger, como Alberich, Josef Greindl,
como Hagen, la Brunilda de Astrid Varnay o el Sigfrido
de Wolgang Windgassen son absolutamente cimeras y
difícilmente repetibles.
Entre 1966 y 1970, Herbert von Karajan grabó, con su
Filarmónica de Berlín y en estudio El Anillo del Nibelungo
para Deutsche Gammophon. Esta grabación fue reeditada
por Hunt Producctions en los años 90. También una
grabación de un altísimo nivel, pero evidentemente, sin el
equilibrio de la anterior. Destaca la Brunilda de Helga Der11
ÓPERA ENE ESSTPUADÑIOA
nesch, Karl Ridderbusch como Fafner y, sobre todo, como
Hagen, la Sieglinde de Gundula Janowitz, las prestaciones
del gran Matti Talvela como Hundig y Fasolt y las de
Christa Ludwig como Fricka y Waltraute. Extraordinarias
las secundarias: valquirias, nornas e hijas del Rin.
Para el final queda la que considero de referencia, la
que para DECCA grabó entre los años 1958 y 1965, en estudio,
Sir Georg Solti al frente de la Filarmónica de Viena.
Aquí están todos los que son y son todos los que están,
Hotter, Nilsson, Neidlinger, los recientemente desaparecidos
Joan Sutherland y Dietrich Fischer–Dieskau (mejor
su Gunther de aquí que su Wotan con Karajan en Das
Rheingold), Kirsten Flagstad, Ridderbusch, Ludwig, etc.
Maravillosa versión, muy equilibrada, por más que varios
de estos cantantes estuvieran ya al final de sus carreras
artísticas. De su valor habla el hecho de que fuera la elegida
para dar vida al anillo de Deryck Cooke al que antes
he hecho referencia. Por otra parte, esta versión sigue
reeditándose y, hasta al menos hace poco tiempo, todavía
podía encontrarse en el mercado a un precio muy
asequible.
En formato DVD, por lo anteriormente apuntado, la
oferta es menor y probablemente, en conjunto, de menor
calidad. Tres grabaciones podríamos mencionar entre
las mejores: la de Pierre Boulez con Patrice Chéreau
del Festival de Bayreuth de los años 1080–1981 para Philips.
Una puesta de escena industrialista y oscura muy
del gusto de la época que sin embargo nos deja un poco
perplejos. No terminó de cuajar en su momento –fue
muy protestada por el conservador público bávaro– y
no ha envejecido bien. Con todo, la dirección de Boulez
es vigorosa, rotunda y el conjunto vocal muy estimable,
entronizando ya a Siegfried Jerusalem como el Sigfrido
de fin del siglo XX (repetiría con James Levine en el
Metropolitan Opera de Nueva York en 1990 y con Barenboim
en Bayreuth en 1991.
Mucho más recomendable es a mi juicio la puesta en
escena y dirección musical de ésta última, la de Barenboim
con Harry Kupfer del Festspielhaus Bayreuth de 1991. Asistimos
a una recreación atemporal del drama wagneriano
de gran simpleza escénica pero muy eficaz para mantener
la acción fluida, dar coherencia al drama, aflorar emociones
y resaltar matices. En lo vocal, una muy digna versión:
además del inevitable Siegfried Jerusalem como Sigfrido
(a mí no termina de convencerme, me parece que le falta
peso a la voz y que en algunos momentos sobreactua), un
buen Wotan de John Tomlinsom, un magnífico, excelente,
Fafner–Hagen de Philip Kang, una estupenda Brunilda de
Anne Evans. El resto a un buen nivel.
Y para el final, en el polo totalmente opuesto al anterior,
el anillo del siglo XXI: Carlus Padrissa (La Fura
dels Baus), Zubin Mehta, el Coro de la Generalitat Valenciana,
la Orquesta de la Comunitat Valenciana y un
extraordinario elenco de solistas en una producción del
Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia y el Maggio
Musicale Fiorentino entre 2007 y 2009. Apabullante,
deslumbradora, epatante, ¿excesiva?, sorprendente,
se terminan los adjetivos para definir la futurista puesta
en escena de este anillo. Con mucha imaginación y
enormes medios técnicos (grúas, arneses, proyecciones
multimedia y otros artilugios mecánicos) se consigue
colocar a los cantantes donde les corresponde: en el
sótano, en la tierra y en el cielo. Todo ello con una enorme
carga simbólica en la que subyace un mensaje de
preocupación por la conservación de la naturaleza, la
sobrexplotación de los recursos de la tierra y el deterioro
del medio ambiente.
Excelente en el plano musical. Zubin Mehta ha conseguido
elevar a la Orquesta de la Comunitat Valenciana
a un altísimo nivel. La solvencia del Coro de la Generalitat
Valenciana está garantizada con la presencia de su
director–fundador, Francisco Perales. Muy bueno en su
conjunto el elenco vocal con sobresalientes individualidades:
Juha Uusitalo (qué gran holandés el suyo con
Hartmut Haenchen en la grabación para Opus Arte) en un
Wotan fabuloso a la altura de los más grandes (Hotter y
London). Extraordinaria –un verdadero descubrimiento–
la Brunilda de Jennifer Wilson, al igual que el Sifrido de
Lance Ryan. Qué decir del grandísimo Matti Salminen (el
mejor bajo profundo en activo) que asume los roles de
Falsot, Hundig y Hagen. Magnífico el Alberich de Franz
Josef Kapellmann. En fin, absolutamente recomendable,
con un solo pero: su precio.
Fernando Álvarez Bel
12
Verdi y Wagner nacieron
en el mismo
año (1813). Verdi, que
apreciaba a Wagner,
pensaba que las teorías
musicales de éste no se
podían aplicar a los sentimientos
más profundos
del espíritu humano, que
el italiano intentaba reflejar
en sus óperas, en
las que la voz y la melodía
son preponderantes,
frente al predominio de la orquesta
en los dramas del compositor alemán.
En esta importante novela, escrita en
1924, Franz Werfel (1890-1945), uno
de los grandes escritores centroeuropeos
del siglo pasado, ha querido
plasmar la admiración y la inquietud
de Verdi ante el triunfo irresistible de
Wagner en el panorama musical de finales
del siglo XIX. Estamos en 1882,
han transcurrido más
de diez años desde
el arrollador éxito de
Aida. En ese período,
parece que la inspiración
de Verdi se ha
perdido. En cambio,
los éxitos de Wagner
se suceden. Esto impulsa
al compositor
italiano a viajar a Venecia,
donde reside su
rival. La novela describe
las dudas, los temores y la indecisión
de Verdi durante los pocos meses
en que permanece en la ilustre hasta
que se decide a visitar a Wagner,
cuando Venecia acaba de celebrar los
carnavales de 1883. Sin embargo, un
acontecimiento inesperado impedirá
que la entrevista se realice. Con este
argumento, Werfel ha escrito una ambiciosa
novela, en la que trata de profundizar
en la psicología de Verdi y en
los motivos de la creación artística. La
personalidad del maestro italiano, discreta,
más bien arisca, de trabajador
abnegado, con un gran sentido de la
justicia y de la generosidad, contrasta
con la de Wagner, por el que Verdi
siente una mezcla de admiración y de
envidia. Junto a esto, hay que destacar
la magnífica ambientación, con
descripciones detalladas de la ciudad,
de sus costumbres, del ambiente y de
las intrigas de la época, así como la
acertada caracterización de diversos
personajes secundarios, como el senador
amigo de Verdi, el ridículo marqués
Gritti o el joven alemán Mathias
Fischböck. Werfel, autor de la inolvidable
Una letra femenina azul pálido,
muestra también su amplia cultura en
las frecuentes digresiones sobre la
composición musical y sobre el espíritu
de la época. Luis Ramoneda
El 2012 fue el “Año Di Donato” y para
rematarlo, la mezzo soprano norteamericana
acaba de ganarse el Premio
Musical America a la “cantante del
año” mientras prepara otra reina, la Maria
Stuarda para el Metropolitan Opera.
Joyce, como el César, donde va, ve
y vence y esta temporada ni siquiera
el Teatro Colón se salvó de caer rendido
a sus pies. Al igual que Dorothy (del
Mago de Oz) sabe bien que ya no está
en su Kansas natal… típica “fanciulla del
West”, la “yankee diva” (apellido italiano
má…100% americana) refleja una combinación
tan imbatible como irresistible
y, más allá del gran aparato publicitario
que la rodea, le basta abrir la boca para
dejar claro que no lo necesita.
Fenómeno vocal en el que parecen
converger las virtudes de sus grandes
antecesoras (y compatriotas) Marilyn
Horne, Frederica von Stade y su contemporánea
Susan Graham, su último
disco “Drama Queens” es otra prueba
irrefutable de una batería de recursos
vocales que deja sin aliento a quien
la escucha. Pero atención, no se está
frente a otra máquina de cantar, aquí
también hay alma e inteligencia usadas
para limar la implacable intensidad del
virtuosismo barroco al que está dedicado
el CD.
Un recital donde brillan joyas ignotas
de los hoy desconocidos Geminiano
Giacomelli y Giuseppe Maria
Orlandini además de Reinhard Keiser
y Johann Adolf Hasse. Atenta al menú
para no indigestar con tanto plato
exótico, la degustación que propone
también incluye manjares bien conocidos
de Monteverdi, Handel y Papá
Haydn.
De amor, muerte y locura entre
lamentos y fuegos de artificio vocales,
llámense Berenice, Irene, Orontea,
Gelsunde o las mismísimas Cleopatra e
Ifigenia, este festival de reinas de comarcas
como Egipto, España, Palestina,
Persia o Micenas está enmarcado reciamente
por Il Complesso Barroco bajo la
batuta de Alan Curtis.
En síntesis, Joyce di Donato derrocha
tal convicción y fervor –los
mismos de sus anteriores Diva/Divo,
Furore y Colbran, the Muse– que acaba
contagiando a incluso quienes no
simpatizan con los embellecimientos
extremos propios del barroco. Sebastian
Spreng.
EN el centenario de VERDI Y WAGNER
JOYCE DiDONATO : DRAMA PARA QUEEN

Laia Falcón canta


Laia Falcón canta






















.........